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PRIMER CERTAMEN DE RELATO BREVE SOBRE LACTANCIA MATERNA RELATO FINALISTA (4ª POSICIÓN) "La Huída" por Virginia Lancha (Velilla de San Antonio, Madrid) "En mi pecho, corazón, Sé que ya no hay vuelta atrás y que la noche se hará aun corta porque el alba llegará y entonces se darán cuenta de que he huido y de que me la he traído conmigo. Si me cogen… si NOS cogen… No quiero pensar en las consecuencias porque eso no hará mas corto el camino. La diosa es una madre. Creo que desde su altar sonreía cuando cogí a la pequeña Moh, que significa "Leche" en la lengua de los ancianos, y es que Moh es blanquísima. Parece que su piel se hubiese confeccionado con polvo de luna. La luna nos protege y nos guía alumbrando por el camino serpenteante que me llevará al puerto de Nuoh. Espero que el guerrero aun nos espere para llevarnos lejos. Pero hay que llegar antes del alba, porque las monturas de las sacerdotisas son rápidas y nos darán alcance enseguida cuando descubran que me he llevado a la pequeña que nació de mí para venerar a los dioses con su sacrificio. El cuerpo aun me duele y me sangra. Noto como el líquido me humedece los muslos y estoy cansada, pero a lo lejos ya clarea y el puerto aun está lejos. Tengo los pechos adormecidos, como si me hubiese picado docenas de abejas. Pesan. Duelen. La pequeña Moh duerme en mis brazos mientras el camino cada vez es mas pálido porque la noche acaba. Ya se ve el puerto, allá a lo lejos, pero también se ve el disco naranja que anuncia que el día ha llegado. A mi espalda, a lo lejos, una columna de humo. La pira sagrada de la diosa ha sido encendida y se que el motivo es mi búsqueda y la de Moh. ¿Qué vamos a hacer?. Moh ha despertado. Tiene el ceño fruncido y se ha llevado una de las manitas a la boquita pequeña. Después gime y llora. ¿Qué le ocurre?. Quizás tiene sed. Le acerco el agua que aun queda a los labios, pero llora aun más. Desde mi nacimiento rodeada de vírgenes, de sacerdotisas, de oración y cantos. Nadie me enseñó jamás como responder a los deseos de un ser tan pequeño e indefenso. Los pechos me pican, me duelen. La frente me arde y el sudor perla mi espalda provocándome escalofríos. Creo que estoy enfermando. La frente me arde. Los jinetes habrán salido en mi búsqueda. He de buscar refugio hasta verlos pasar. El monte Aujka está poblado de cuevas y yo se que la única salida y buscar refugio en una de ellas. El guerrero dijo que esperaría dos días. Todo puede salir según lo planeado si no pierdo la paciencia y la diosa me protege. La cueva es oscura y fresca, pero Moh no agradece la penumbra, es mas, tiembla, se queja llora enrojecida y furiosa. A lo lejos se oyen los jinetes. Vienen entonando cánticos a la diosa. Si Moh no cesa en su llanto nos cogerán. La mezo, la aprieto contra mi pecho aun a sabiendas de que le cuesta respirar. Lo siento Moh. Lo siento. Los caballos se acercan. Moh gimotea levemente. Y de repente calla y mi pecho estalla. La boquita de Moh rodea mi pezón y ya no duele, es más bien un dulce temblor que me recorre entera mientras Moh estira su manita y la apoya en mi pecho que se vacía de dolor y de de presión. La leve respiración de su naricilla se estrella contra mi piel tensa y dos lágrimas se escapan de mis ojos rodando por mi mejilla hasta estrellarse en mi regazo. La pequeña ha abierto un ojo y parece que me mira mientras traga. Sonrío y los caballos se alejan. Ahora sé que el guerrero nos aguardará en el puerto y que juntos atravesaremos el mar en busca de una tierra en la que yo ya no sea un virgen de la diosa, sino una madre de mi pequeña esperanza.
RELATOS FINALISTAS: |
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