|
|
|
www.LaLigaDeLaLeche.es 50 Aniversario de la Liga de la Leche 1956-2006 |
|
La Liga de la Leche Lactancia materna Grupos de apoyo Libros recomendados Cómo colaborar Enlaces de interés
|
|
PRIMER CERTAMEN DE RELATO BREVE SOBRE LACTANCIA MATERNA RELATO GANADOR "El Don natural" por Antonia Santiago (Madrid) Aunque era ya su cuarto hijo, Eva no dejaba de sorprenderse por la continua disminución de los plazos de incubación. Ella había encargado a María siete meses atrás, pero la ciencia seguía avanzando a pasos agigantados. Una amiga le había contado que en una clínica de París ya podían crear vida en menos de veinte semanas. Aquello contrastaba con las fotos que aún recordaba de su abuela cuando estaba embarazada de su madre. De sólo pensarlo se le retorcía el estómago. No podía imaginarse tan gorda y desfigurada como su abuela y otros tantos miles de millones de mujeres que llevaron a sus hijos en sus vientres a lo largo de la historia. Era una imagen primitiva a esas alturas del siglo XXV, en el que el único método mundialmente admitido para traer hijos al mundo era la incubación artificial a partir de fecundaciones in vitro. La menstruación y el sexo habían pasado a la historia como las dos mayores equivocaciones de la naturaleza. Por fin, la era de la plena igualdad entre hombres y mujeres había llegado. Eva estaba muy orgullosa de vivir en un mundo gobernado por la justicia, la estética y el desarrollo individual. Es por eso por lo que no entendía cómo había podido vivir su abuela soportando dos embarazos, un marido que la exigía hacer el amor y unos niños que la quitaban tanto tiempo de su desarrollo personal. Y para colmo, su abuela sólo pudo tener dos hijos por culpa de sendas cesáreas, una práctica quirúrgica que atentaba claramente contra la estética corporal. Pero Eva, a pesar de rozar ya la cincuentena, se sentía muy orgullosa de su piel tersa, suave y sin cicatrices; estéticamente perfecta, como rezaba el eslogan de la crema que utilizaba desde que tenía uso de razón. ¡Y muy pronto tendría a su cuarto hijo, o mejor dicho, hija! Aquel día tenía cita en el Centro para elegir el pack de complementos que regalaban por cada nacimiento y la fórmula de alimentación de su hija durante los primeros seis meses. Los complejos tratamientos hormonales a los que se sometían las mujeres hacían prácticamente imposible la segregación de leche materna pero, afortunadamente, las variedades de leche artificial se contaban por docenas. Sin embargo, en aquel centro estaban experimentando con lactancia materna suministrada por nodrizas profesionales cuidadosamente seleccionadas. Se trataba de mujeres cien por cien sanas, cuya alimentación seguía estrictamente la Dieta de Equilibrio Saludable recomendada por la Organización Mundial de la Salud y cuyos hábitos de vida habían sido controlados por los mejores expertos. Según los primeros resultados, los niños amamantados por las nodrizas desarrollaban las mismas capacidades intelectuales y físicas que los que eran alimentados con leche artificial, pero adicionalmente, aparecía en ellos un don especial. Un don que pasaba desapercibido durante los primeros años de vida salvo por un brillo particular en la mirada. Los científicos estaban descubriendo que los niños amamantados por las nodrizas tenían la mirada más limpia y pura y generaban en las personas de su alrededor sentimientos que sólo se podían encontrar ya en algunos libros antiguos o en algún rincón olvidado del Tercer Mundo. Aunque no acababa de entenderlo del todo, Eva se interesó por aquel experimento pues siempre estaba dispuesta a apoyar los avances científicos. Le dijeron que para conocer mejor de qué se trataba tenía que coger en brazos a uno de los bebés que estaban siendo amamantados. La verdad es que nunca había cogido a un bebé en toda su vida ya que, nada más nacer, los niños ingresaban en un programa de estimulación temprana y aprendizaje y sólo tenían contacto con sus padres cuatro veces al año. Tuvo que pasar por una cabina de esterilización y firmar una carta de descarga de responsabilidad respecto al centro en la que le advertían que podía experimentar sensaciones contrarias a su voluntad. Finalmente, llegó a una sala en donde le esperaba una de las nodrizas con un bebé en brazos que parecía que estaba succionando de uno de los pechos de la mujer. Contrariamente a lo que Eva esperaba, la imagen no le supuso ningún trauma. -Mira, cariño, esta es Eva, una amiga mía -empezó diciendo, mientras separaba al bebé del pecho con mucho cuidado-. Ha venido para hacernos una visita. La nodriza empleaba un tono de voz aniñado y ridículo que Eva no había escuchado nunca. Cada vez comprendía menos aquel experimento. -¿Quieres ir con Eva un ratito, precioso mío? -dijo la nodriza mientras le ofrecía el bebé-. Seguro que se va a poner muy contenta y te va a cuidar muy bien. Al sentir el contacto con el bebé, Eva colocó instintivamente los brazos como formando una cuna y, sin pensarlo dos veces, lo cogió apretándolo suavemente contra su pecho. El bebé se movió ligeramente y, de repente, cruzaron sus miradas. ¡Tenía los ojos más bonitos que había visto jamás! Sintió cómo se erizaba el vello de su cuerpo y se le aceleraba el corazón. Entonces, sin saber muy bien porqué, lo abrazó un poco más fuerte y el bebé respondió con una sonrisa. Una sonrisa que iluminó su mirada y toda la estancia. Por un momento, creyó estar en el centro del universo. En el punto de origen de todas las cosas. Se sintió mejor que en ningún otro momento de su vida. Y fue entonces cuando Eva lo entendió todo.
|
|
|
|
|
© Copyright, 2010. La Liga de la Leche, España. |
Inicio |